Canals.




Paraíso de nobles nadies.

viernes, 26 de febrero de 2016

Entro a la casa de mi abuela, es la siesta, los tractores despedazados como restos de pescado en una pescadería, desordenados, en ese momento, en ese mismo tiempo, Chicato Ferreyra se sentaba en una silla agarrándose el pecho y tenía un Acv.

Si hay alguien al que el pueblo le debe una mano es a Chicato, buen tipo, peronista de pura sangre, porque sabe que el techo donde vive Perón ayudo a construirlo, un tipo que siempre le abrió las puertas de su casa a todo el mundo, a los que venían a trabajar al campo, golondrinas, siempre tuvieron un plato de comida en su mesa. Chicato paga su obra social como la mayoría en Canals, y tuvo que esperar dos horas hasta que llegará la ambulancia de Corral de Bustos, ´si parece una broma de Tinelli, pero eso pasa en el pueblo, sí sabés que estas por morirte o por tener un ataque grave, anda llamando la ambulancia así vas ganando tiempo, y ellos ganan mucha plata.





Una fotografía de Joaquín Bonetto

viernes, 21 de junio de 2013

El Tupa Fandiño

Esta es la historia del Tupa Daniel Fandiño no sólo como lo recuerda la historia, sino también como yo lo recuerdo. Durante años esta historia me late en las venas, era amigo mío, y mi cariño está intacto. He visto pocos fanáticos de Boca como el Tupa en Canals, pocos, tipos divertidos como él, con esas piernas largas como un compás abierto, y su cubana que lo ilustraba como un personaje inolvidable, me encantaba ir a visitarlo a su trabajo, vendía seguros en lo del Lechuza Valmarroja o como se escriba, nadie se acuerda de los nombres que no se pueden pronunciar. Hablábamos de fútbol y nos reíamos, puedo ver su sonrisa, planeábamos ir los sábados a jugar al gimnasio, dónde el brillaba, era el dueño del fútbol y del show, con él siempre pasaba algo divertido, se enculaba y se llevaba el fútbol cuando perdía, y cuando lo veíamos irse a mitad del partido todos lo seguíamos queriendo, así era él. Hace unos años, estaba en un rincón en el boliche en Canals, y aparecen dos pendejos de no más de diecisiete años, el Luciano Fandiño y el hijo del Lobo Slovoyano, esa noche había un cubano sirviendo tragos que lo dio vuelta al Peto Quevedo con dos daiquiris, lo sacaron entre cuatro, el Gaby Tapia lo fue a buscar a la Policía indignado. El Luciano goleador y gran persona me dice que había leído mi novela El resentimiento, y me lo presenta al Lobito, me dice que ellos son locos igual que yo, podía verlo al Tupa con nosotros en ese momento, charlando, sus hijos son un ejemplo de lo que él era, de lo que él soñó. No puedo escribir sobre él sin llorar, sin emocionarme, se fue como era él, como en una performance, como ilustrando un final acorde a su personalidad de arquero con estilo. Verlo volar de palo a palo era sublime en una de las mejores canchas del pueblo, la grande del gimnasio, cuando tenía pasto,  cuando estaba marcada y los arcos tenían red, el partido tenía un bonus track, y el Tupa ahí brillaba. Me dolió que durante años el silencio cubrió la historia del Tupa, un tipo divertido como pocos, puedo escuchar su voz hablando de Boca como lo único importante en el mundo. Esta es la historia del Tupa Daniel Fandiño no sólo como lo recuerda la historia, sino también como yo lo recuerdo. Que estas palabras abracen a Mariano Ingrassia, uno de los luchadores que admiro, un hermano, y a su familia, y a su inolvidable Marío, un tipo honesto, común, que se fue sin cagar a nadie, que estas palabras abracen al Zurdo Oliossi y a su familia, y a Nelson, que se fue arreglar motores al cielo y cuidarlos desde allá. Hoy ellos volvieron a nacer.






N2
(Ex Iván Ferreyra)
Especial para Somos Canals





sábado, 8 de junio de 2013

Walter López



El noble nadie de esta semana



En la cabeza a veces me suena You could be mine de los Guns o a veces Cleaning apartment de Réquiem para un sueño, que es la cortina de las peleas de las vedettes en la TV de la siesta, todo tiene un sentido, como la historia del Walter López y su vida que tiene el encanto de la canción que no se puede olvidar.
Los perros cuidan el pueblo. Alguna vez fui un Nanni Moretti con una Lambretta bordo, que preparamos con el Ale López conocido popularmente como el Melli, un hermano de la calle. Y sus hermanos son mis hermanos. Nos engrasamos hasta la cabeza, ese verano fuimos felices, subí a esa moto a la chica más linda de la ciudad, y recorríamos el pueblo a la siesta, donde los fantasmas duermen. Después deposité mis esperanzas en bancos de niebla.
Esta es la historia de Walter López no sólo como lo recuerda la historia, sino también como yo lo recuerdo. Walter nació con una sonrisa tatuada en la cara y hacía juego con su caminar. Así es la historia, y debe ser agradecida con los héroes que construyeron el presente. El pueblo se escandalizo cuando lo vió en la tele. Walter tuvo más pelotas que muchos en el pueblo. Walter es la suma de muchas luchas. El matrimonio igualitario por ejemplo. Sólo porque te fuiste no significa que no estés aquí. Cuando Miguel Abuelo pasó por Canals preguntó por él. Todo está en los detalles. Libertad de impresión. Erasure y los que se van. Los otros López que no están. El fotógrafo López que inmortalizo cumpleaños de generaciones, famoso por sus dotes de contorsionista, inolvidable artista. Mi primer maestra, María del Carmen López, almorzaba en su casa y me sentía protegido por algo que aún no entendía, ese amor docente, que es a veces comparable con el de las enfermeras. El glorioso Jorge López, marcador de punta histórico del Barrio Patria,  el gordo ponía parches en la Gomería de Carulo Villanueva, otro tipo generoso, me gustaba ir a la siesta a arreglar mi goma pinchada, los veía y tomábamos mates, se escuchaba la radio y nos reíamos, eran héroes de mi infancia. El Flaco López y su amor a Canalense, un compañero de batallas siempre con una palabra de aliento, como los grandes hinchas. Todos somos López. Cada vez que puedo le doy un abrazo al Kike Margaría, creo en lo que hace, y sé que también lo estoy abrazando a Walter, y el me cuenta: “Nos acompaño hasta la salida de Buenos Aires y cuando se bajo del Mimoso (Colectivo de la Banda de Kike) me dijo: Me voy a acostar porque me duele un poco la cabeza, era domingo, lo llame al día siguiente, y ya nunca más me respondió, fui el último de Canals que lo vió, nunca olvidaré su alegría”.
Dicen que le canto una canción de Virus a la muerte, Dicha feliz, dicen.
No alcanzo.



N2
(Ex Iván Ferreyra)
Especial para Somos Canals

Fotografía: Enrique Margaría.




Dora Burlet.




Dos días en Canals nunca vienen nada mal, si de eso se trata vivir. La casa de Dora Burlet es un monumento invisible en la historia de Canals, en sus paredes Tomás Graciano construía un registro de su presente, ahora Dora una de las tantas artistas que embelleció la Plaza de la mujer hasta quebrarse los huesos transforma esa casa, en una pieza de arte posmoderno, que alguien disfrutará en el futuro. Salí a dar una vuelta a la siesta y recorrer todas las casas en las que viví, dos desaparecieron, y en ese hueco sólo había aire, un pozo invisible que me mostraba mi infancia. Pasé por la cancha de Canalense y podía escuchar los gritos, estaba el Tito Nolter agarrado al alambrado, masticando un vino, sufriendo por el glorioso verde, ese por el que la tribuna cantaba, “Lo dijo el Tío, lo dijo Perón, hacete del verde que sale campeón”. Después pase por la casa de Joaquín Bonetto, otro de los artistas de Canals, me hice amigo de su mastín, Benicio. Hablamos de Fitzcarraldo e Iquitos, vimos sus imágenes de la llanura, de los tambos, en un blanco y negro que pronto verá la luz. El me animo a subirme al barco y recorrer el Amazonas, con un sueño en una hamaca paraguaya. Esa tarde llovió y alguien a lo lejos se preocupaba por otro alguien. Estamos en el pueblo de los nobles nadies, de los caños hartos de sal, dónde todo es melancolía. Atardece, y paso por el Gimnasio de Cristian Patricio Botti, y sonaba la música que te hace mover la patita, Pump of the jam, por ejemplo. Y estaban el Nolo Domínguez, con el que compartimos gloriosos momentos en la  Fm 95 de Garay y jugando para Canalense, el José Esteban Cocordano, un hermano que nos une la sangre por Depeche Mode, y el otro Iván, el fachero, el dueño de un bar hermoso al que luego iríamos a calmar la sed. Iván Palumbo. Era un lunes. Pasaban dos autos, y nos abrazamos con el Pupi Bomone que venía con su camiseta de Libertad, sólo por él puedo rozar esa camiseta. Y porque también lo estoy abrazando a su padre, el Beto y a su tío, el Chocho Bomoné, una gloria de Canalense, con él que tuve la suerte de jugar y de compartir vestuario. Volví a la RC1, a la casa de los Serafíni , tomamos mates y charlamos con Pilin, el me inicio en la radio, en un programa que se llamaba Ultima Parada, con mi hermano Carlos, y Harry Nolter.  En esos días escuchábamos Musicalisimo, un programa que salía por Radio Oriental del Uruguay, estaba los domingos a la noche, era nuestro faro, íbamos desvelados al colegio pero con las venas llenas de entusiasmo. También nos alimentaba musicalmente Sensaciones, de Claudio Corvalan, estaba a la siesta, y hacíamos guardia con nuestros Tdk, y estábamos atentos a grabar. El programa por ser hechos por novatos, tenía su dignidad. Pilin me muestra su taller, dónde sigue creando a través del aluminio y con eso alimenta su familia, y luego saca su guitarra y me muestra con lo que alimenta el alma. Esos regalos que te dan los artistas. Me voy a la gloriosa sede de Canalense, la que hizo mágica el Negro Trigo, dónde me esperaban el Gallego Aguado, un sutil con pelota dominada, Franco Felippa con sus cejas que no envejecen y mirando en silencio, el Turco Raies y Mariano Ingrassia. La parrillada y los Toros hacen lo suyo, y entre todos planeamos un viaje en Motor Homme, sigue ese entusiasmo adolescente de hace años, se mantiene, los bocadillos se transforman y son sentencias que resisten al tiempo. La mesa va variando y se acerca Ángel Díaz Canelo y empezó el trasnoche continuado, hablaba de la mujer del Turco y sus dotes para el tango, Mariano saboreaba su trago, desde ese lugar que lo hizo siempre, de compañero, en otra mesa El Pepo Suárez que me pregunta si yo escribí Ultimo Recreo. Después todo se volvió una nube negra que nos devoro a todos. Canals de noche y los autos que circulan llevan la felicidad. Vuelvo a la casa de Dora Burlet, abro un cajón y saco un sueño. Duermo en paz. Acá estoy a salvo.

Iván Ferreyra
Abril 2013.
Fotografía: Marío Orgaz.

Especial para Somos Canals

Roberto.




Yo lo conocí tirado en la vereda de la heladería Llao LLao, no tengo registro de fecha ni de su origen. Sólo sé que su expresión me deslumbraba. Imponía respeto a través de ese desparpapajo que da vivir sin razón. Nunca vi a nadie acariciarlo ni llamarlo por su nombre. Sólo sé que ahí estaba, echado en esa vereda de resaca de agua dulce en un pueblo de agua salada. Cuando vuelvo a Canals lo busco en todas partes, quizás esperando que sea real, o lo que uno espera de los pueblos, que las imágenes no envejezcan, no aturdan en lo que no podrá ser. Roberto observaba en blanco y negro,  y lamía sus conclusiones. Lamer en blanco y negro a perras paseando en Hondas Dax.
Pienso en los de tu generación. Percito, el excéntrico perro de Marío Marcelo Rodríguez, tremendo arquero,  en honor a Per Gessle de Roxette, o el Colita el perro del Javito Aguado hincha de Canalense. El Argamennón, el perro del Agustín Titi Zubiri, uno de esos tipos mágicos que brillaron en Canals. Quiero morir caminando.  En una de esas caravanas descomunales lo acompañé al glorioso Peto Quevedo, luego de secar los bares, y en su entrada triunfal al barrio, con sus botas que pronunciaban sus chuecas, Jackaroe como lo bautizó alguna vez el Gaby Tapia, el Peto se sorprendía de que esa noche ninguno de los treinta perros que vivían en la cuadra salieron a recibirlo, y él se encargo de despertarlos, sin suerte, esa noche no trabajaban. Podría hablar de perros futbolísticos, pero la poesía no se lo merece. Roberto era galgo. Uno con los ojos podía medir sus costillas, como un auto sin capot. El día que nació Hugo Chavez Frías moría el hijo de Bernardo Decca, arquitecto y poeta. Cosas que pasan. Días de nobles nadies. Y como él, no podemos cerrar los ojos.


Iván Ferreyra
Marzo 2013.

Especial para Somos Canals



Mirta. La Chorizo.






En Canals hay una mujer que todos conocen y respetan, pero que nadie abraza. “En este pueblo no hay desaparecidos” me dijo Pilin Serafini, otro de los artistas que nadie abraza. Bueno. Todo termina siempre en lo mismo. Detalles. A Mirta se le curtió la piel con el sol de la llanura y con un lema que llevaba debajo de los pies, “La chorizo le saca brillo a la tierra”. Este pueblo no puede enseñarles a los niños a recoger la basura, pero encabezamos las encuestas en vergüenza sin sentido. La Vida es Ella. El acto individual por excelencia. No se metan con su rubor. En Canals hay una mujer que todos conocen y respetan, pero que nadie abraza. La insatisfacción es nafta súper. La histeria se degrada en detalles que ya no importan. Ahora la lucha es ser. ¿Qué tal tu día? pregunta Facebook. Un caníbal desdentado enseñando a masticar. Fácil de enseñar si dormiste bien. La Ley de medios es brillante. Eso permite espacio para personas como Mirta en los medios, que se conozca su historia, su batalla contra la mugre de los otros. Y sí hay algo que la derecha desconoce, es el brillo. Mis oídos devoran Justice sin parar. Todos los días abracemos mujeres como Mirta. No hay lugar para la verdad en vuestros vientres. Un pueblo medio pelo. .Tocan música de Mahler en la miseria más abyecta. Quiero morir caminando.  
En Canals hay una mujer que todos conocen y respetan, pero que nadie abraza.
Ella puede enseñarte el secreto de la irregularidad del piso. En los pueblos hay un mito, que el tiempo transcurre despacio, y eso se nota en la expresión corporal.
En Canals hay una mujer que todos conocen y respetan, pero que nadie abraza.
La idea de la moda nunca está terminada. Quiero morir caminando.  


Iván Ferreyra
Febrero 2013.
 Fotografía: Joaquín Bonetto.

Especial para Somos Canals